FGL.

"Hay cosas encerradas dentro de los muros que si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo."

J.K.R.

"Las palabras son, en mi no tan humilde opinión, nuestra más inagotable fuente de magia, capaces de infringir daño y de remediarlo."

jueves, 21 de diciembre de 2017

Escuderos.

A tu lado todos los días parecen la más maravillosa de las tardes de verano.
A tu lado un café es cualquier cosa menos un momento aburrido, o algo por obligación.
A tu lado ver una película es toda una aventura, es como que no hay película a la que tu presencia no le dé significado.
A tu lado mis sonrisas son verdaderas.
A tu lado cualquier rato es único.
A tu lado no se puede estar sin un helado en la mano.
A tu lado aprendo muchísimo más de lo que creí que pudiese aprender.
A tu lado escucho en silencio, porque es mucho más prestoso sentirse escuchado que hablar en todo momento.
A tu lado cualquier cosa es divertida porque te animas a todo.
A tu lado todo parece tan sencillo, tan feliz, tan travieso.
A tu lado me siento muy cómoda y segura.
A tu lado descubrí y descubro una persona que no sabía que podía conocer.
A tu lado sólo me vienen a la mente nuevos recuerdos.
A tu lado aprendí y aprendo cada día, con cada pregunta y cada paciente respuesta.
A tu lado la música adquirió sentido y forma de felicidad, y de todo.
A tu lado siento que da igual dónde estemos, siempre hay algo que nos une.
A tu lado los audios largos se ven correspondidos, escuchados y compartidos.
A tu lado entiendo muchas más cosas, aunque son difíciles porque muchas veces chocamos.
A tu lado aprendí a querer los libros y a decidir por mí misma.
A tu lado voy a saber lo que de verdad es salir de fiesta.
A tu lado todo es igual siempre, estable, como si no me fuera y viniera alternativamente.
A tu lado, tras las broncas, hay un cariño que no se puede medir.
A tu lado los paseos eran lecciones de vida, el mejor momento de toda la semana, el mayor de los regalos.
A mi lado todo es extraño, pero para estar al lado de alguien tengo que estar, ser y querer. Así funciona todo, y así es.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Ángel.

¿Por qué sentimos la necesidad de contar con un ambiente exclusivo?
¿Por qué no nos damos cuenta de que esto es así nada más que cuando deja de ser como hasta ahora fue?
¿Por qué tendemos a menospreciar todo aquello que no alcanza nuestras desconocidas expectativas, nuestros impuestos canones?
¿Por qué somos tan capaces de cortar por lo sano sin pensar en los demás, hasta tal punto que sólo caemos en lo que se sufre, en lo que se llora, en lo que se desgarra, una vez que alguien nos hace pasar por lo mismo?
La vida es complicada, enrevesada, constante, tirante e imprevisible. Y aún así, eso no nos basta, pues somos nosotros mismos quienes acabamos haciendo de ella lo que nos parece, en cada momento, que es lo correcto, primero actuando y luego pensando la mayor parte de las veces, y solamente viceversa cuando creemos saber lo que se nos viene encima.
Las personas somos iguales que la vida, con una peculiar característica añadida: cuando descubrimos qué es lo que nos hace bien/mal, tratamos por todos los medios de mantenerlo/sacarlo. 
Muchas veces se convierte en un sinsentido pues algo que nos hace bien pero nos asusta acaba lejos, mientras que algo que nos atormenta permanece intachable, sin muestra alguna de repudia.
Otras veces, todo transcurre de manera tan monótona, tan lenta, que tardamos muchísimo en apreciar lo que alguien estuvo haciendo por nosotros: ayudándonos, cuidándonos y apoyándonos; y para cuándo descubrimos a esa maravillosa persona, ya no está ahí, y es frustrante pues era alguien que merecía la pena de verdad, y que perdimos por estar ciegos, distraídos, perdidos.
E igualmente nos ocurre con aquellos que sólo están para nosotros cuando a ellos les viene bien, que de buenos somos tontos, y hasta que no nos cansamos, no cortamos unos inexistentes lazos, pues no hay relación posible si no existe un quid pro quo, un saber que estás para mí y que estoy para ti, un preguntar por saber y no por cortesía, un querer de verdad y no por interés.
Y, la mayor parte de las veces, está ese trascendental momento en el que nos damos cuenta de tantas cosas que no somos capaces más que de actuar y tratar de seguir, sabiendo que nada va a volver a ser lo mismo jamás. Es cuando de una vez por todas sabes que lo que acabas de hacer es lo que debías, aunque te duela y te perfore como un taladro emocional. Es ese preciso instante en el que te das cuenta de que todo lo que creías no era como pensabas, y tienes que alejar de tu vida a una gran cantidad de personas que sólo te aportan inseguridades, dudas, miedos, preguntas sin respuesta por su parte, y pasar a quedarte con aquellas que te llenan, te hacen sentir bien cuando ni tú mismo te sientes bien, te escuchan, te comprenden, te dejan hablar durante horas de un monotema porque saben que lo necesitas, te aguantan en silencio sabiendo que estás tratando de reordenar tu caos interno, te llaman, te escriben, te sonríen sin motivo alguno, cruzáis miradas en determinados momentos sabiendo que la otra persona va a estar pensando lo mismo, te dan abrazos que valen por miles de conversaciones y miles de te entiendo, te respetan, te valoran, te quieren, y saben que fueron, son y serán correspondidos.
Y lo mejor de todo, es que pese a todo lo que puedan descubrir de ti, van a seguir ahí, porque es su naturaleza, son ángeles.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Torrente.

No entiendo porque muchas veces pagamos nuestras frustraciones con los demás, especialmente con aquellos a quienes más cerca tenemos, a quienes más queremos o quienes están ahí pese a todas las veces que las palabras se convierten en puñales lanzados de manera muy fuerte y muy alta. 
Soltar todo lo que tenemos dentro es algo que nos hace falta, ya sea en forma se lágrimas, de gritos, de huida, o de entrada de un blog que nadie va a leer, o que aunque sea leída, también será pronto olvidada.
Yo soy partidaria de que llorar es sano y bueno, nada debe quedar guardado, de ahí salió la idea de escribir cuanto siento, aunque a veces sea más duro y más frágil de lo que soy capaz de explicar y exponer. 
Más de una vez la cortina que cubría mis ojos al escribir era tan densa que lo único que era capaz de ver era a mí misma corriendo y dejando atrás todo aquello que me intenta hundir y con lo que convivo más de lo que jamás admitiré y jamás se sabrá.
Mas otras veces, afortunadamente, la sonrisa que me iluminaba mientras escribía era tan grande que todo cuanto quería y sentía salía despedido de mí como cometas con vistosas estelas en forma de dulces palabras.
Nos empeñamos tanto en que todo sea blanco o negro, bueno o malo, alegre o triste, que muchas veces perdemos el rumbo cuando algo se sale por la tangente. Creo que por ello nos frustramos, por ello saltamos a la mínima, por ello queremos huir, porque no entendemos qué está ocurriendo y muchas veces somos demasiado orgullosos para pedir ayuda, y aún más para hacer notar que no la necesitamos.

martes, 7 de noviembre de 2017

Simbiosis.

Más vale maña que fuerza, o eso solemos decir, pero ¿qué es la maña y qué es la fuerza?
Nos referimos con maña a inteligencia, a capacidad para saber qué hacer en cualquier momento en general.
Mientras, la fuerza la tomamos más como algo bruto, algo físico.
La maña sería lo interno y la fuerza lo externo.
Pero, ¿no se necesita una fuerza enorme, unida a la maña, para poder vivir el día a día, para poder seguir hacia delante, para no llorar en los momentos más dolorosos, más tristes, más frágiles? ¿No es precisa para no gritar de rabia cuando algo no sale como esperamos, o cuando todo parece que está en nuestra contra, o cuando estamos asustados y no sabemos por dónde seguir exactamente? ¿No se necesita para tener siempre una sonrisa, y así iluminar a los demás con ella, para dar fuerza al resto, para tender una mano, y para querer y ser querido?
Creo que no es maña o fuerza, es maña y fuerza. Son cosas compatibles, una no puede ser sin la otra, igual que una persona no puede ser sin alegría y tristeza, sin lágrimas y risas, sin momentos buenos y momentos malos, sin caídas y sin ponerse de pie de nuevo.
Una persona no puede ser en sí misma sin emociones ni sentimientos, sin ideas racionales e ideas emocionales, sin todo aquello que sentimos, que vivimos, que vemos, que oímos, que queremos, que somos, porque la vida es una constante toma de decisiones, no hay que elegir si tenemos que ser astutos e inteligentes, o tenemos que ser fuertes y valientes.
Tenemos que intentar y ser capaces de ser todo, aunque a veces parezca imposible, pero, es en esos momentos cuando al mirar hacia arriba vemos la mayor distancia que jamás fuimos capaces de alcanzar, cuando debemos dejarnos ayudar por otras personas que pasaron esos momentos, o que los están pasando, y que aún así tienen una pequeña chispa, una pequeña luz, para guiarte, para ayudarte, para darte.
No es más vale maña que fuerza, si no que no hay fuerza sin maña, ni maña sin fuerza.

martes, 24 de octubre de 2017

Cometas.

Suspiros que escapan como ráfagas de aire intentando alcanzar a sus foráneos compañeros. Su mensaje está plagado de palabras vacías, emociones sin rumbo, canciones demasiado grabadas en tu mente.
Sin un destinatario fijo, sólo vagan, como su dueño, hasta que alguien los capte y quiera oírlos, y una vez susurrados se disuelvan, sabiendo que jamás regresarán a los labios que los liberaron. 
Son poderosos, pues algo que no tiene fuerza no llega a coger el vuelo con tanta delicadeza, ni a surcar el cielo sin temor a la caída.
Cada palabra que los forma es como un aleteo, rápido pero intenso, que no cesa hasta alcanzar a alguien justo en el centro del pecho, pues es entonces cuando habrá cumplido su cometido, llegar más allá, y dejar huella.
A veces, se sincronizan, bien con la persona que te acompaña, pues ambos soltáis pesares al tiempo, o bien con alguien que ni tan siquiera conoces, que simplemente necesita un ligero desahogo en forma de bocanada vital. Es entonces cuando se cruzan, se encuentran en el aire, se juntan, y nunca llegan a soltarse, siendo el doble de poderosos, duplicando su efecto y dejando huella no sólo a una persona, si no a todas aquellas que lo precisen.
Si tienes suerte, a veces puedes llegar a escucharlos, e incluso verlos, en su difusa ruta, pues jamás pueden evitar la oportunidad de abordar a la gente que se cruzan a su paso, independientemente de si dichas personas van a ser o no los receptores finales de su mensaje. Es en esos casos cuando sientes un pequeño escalofrío que te recorre por completo y cuando te parece sentir que alguien/algo te llama susurrándote.

viernes, 20 de octubre de 2017

Colapso.

A veces desaparecer es lo más fácil, aunque también se suele ver cómo la opción más triste, más cobarde, al igual que huir.
Pero muchas de esas ocasiones en las que todos esos tópicos nos frenan, en realidad nos están privando de ver qué ocurre más allá, de descubrir nuevas personas, nuevos lugares, de crear nuevos recuerdos, e incluso de conocernos y descifrarnos a nosotros mismos.
La soledad nos aporta mucho más de lo que creemos, nos da tiempo para pensar, nos permite ver qué cosas de las que tenemos en nuestra vida son necesarias y nos proporcionan algo, y cuáles no sirven para nada, nos muestra qué personas están ahí en todo momento y cuáles son los fantasmas de los que intentamos huir entre la niebla que es la marabunta social de nuestra vida.
Y, a su vez, nos quita lo mismo que nos da, pues nos encerramos en nosotros mismos con el fin de sentirnos cómodos, sin movernos de nuestra zona de confort, sabiendo qué nos gusta y qué no, cuándo salir o cuándo no, o simplemente nos permite tomar decisiones que, por motivos sociales o culturales, quizá no llegaríamos a llevar a cabo.
Creo que el pensar ahora mismo en todo esto me hace ver que la soledad es parte de mí, parte de todos nosotros, sólo que en unos casos está más inexplorada que en otros, pues todo depende de los momentos que le otorguemos a nuestra escurridiza pero latente amiga para invadirnos y dejarnos su peculiar y permanente huella.
A veces me gusta considerarme alguien invisible, imperceptible a ojos de ciertas personas, silenciosa cual animal en busca de presa, siendo la presa la libertad de sentirme una ninja que aparece y desaparece a su antojo.
Y otras veces odio ser así, pues nadie se fija en ciertas cosas que hago o que digo, o simplemente la gente se aprovecha de mi jamás buscada condición para ignorarme como si no estuviera, como si no fuera nadie, como si no importara.
Cada día me planteo cómo sería desaparecer, ir dejando poco a poco de dar señales, ir difuminándome lentamente entre la marea de recuerdos de los que me conocen. Quizá en algún momento noten mi ausencia y se pregunten sobre qué fue de mí, pero mi acuciante invisibilidad me suele susurrar que casi seguro pasará justo todo lo contrario.

domingo, 8 de octubre de 2017

Relapso.

Es extraño porque ahora mismo no me siento demasiado unida a ningún lado. Es como que aquel nexo que antes tenía, sobre todo hacia ciertas personas, es cada vez más fino, hasta ser prácticamente imperceptible, y que a su vez, el nexo con otras personas que siempre estuvieron, y están, ahí se está volviendo mucho más fuerte, porque esas personas se mantienen y siguen igual que siempre, como si nada hubiese cambiado. Pero yo noto que cambia, no sé si soy yo, que me estoy dando cuenta de ciertas cosas que antes no veía por una venda que me tapaba los ojos, o son los demás. Lo único que sé es que verdaderamente no sé, sólo pienso que es complicado que todo vuelva a ser como antes porque yo no me siento a gusto.
¿Se puede fingir estar a gusto? No.
¿Se puede fingir comodidad? En parte, pero el fingir lo vuelve todo más forzado, y forzar las cosas hace que sean más bruscas, más raras. 
El no poder opinar libremente, el intentar explicarte y ver que no te llegan a entender, el hecho de que necesiten basarse en hechos totalmente verídicos y concretos para poder aceptarte una pequeña parte de lo que les tratas de explicar. Todo ello duele, pesa, molesta, hace que quiera llorar en muchas ocasiones, porque veo que desde que solté todo lo que tenía que soltar, ya que creí que era el momento, ya no soy una más, y que ellos me juzgan y piensan que en cualquier momento voy a abandonarles, cuando en ningún momento pensé en irme. Sólo pensaba en que quería decir lo que pensaba y sentía, y quería sentirme comprendida, pero me quedé sola con todo lo de mi interior desperdigado y sin control.
Y tengo claro que la lejanía no hace esto, la lejanía refuerza en lugar de romper, porque aunque a veces cause dolor, tú, en parte, estás en el lugar que quieres y deseas. Pero al regresar, el que te ignoren, que pasen de ti constantemente cuando no dices nada, aún sabiendo que estás, es algo que no llego a comprender. 
No entiendo las faltas de respeto ocultas tras el velo de una broma, no entiendo sin sentido las burlas de alguien a quien quieres. No me entiendo a mí misma. Entiendo que estoy en una época de cambios, grandes y drásticos, y quizá el quedarme sola sea mejor.
Porque mejor sola que mal acompañada, como se suele decir.
Mejor sola que acompañada pero mal vista.
Mejor sola que desagusto.
Mejor sola que nada.