FGL.

"Hay cosas encerradas dentro de los muros que si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo."

J.K.R.

"Las palabras son, en mi no tan humilde opinión, nuestra más inagotable fuente de magia, capaces de infringir daño y de remediarlo."

sábado, 30 de enero de 2021

Amistad.

Ojalá con mis palabras fuera capaz de transmitiros todo lo bueno que me hacéis sentir.
Todas las palabras de aliento que me decís.
Todos los abrazos y lo que me transmitís con ello.
El calor que me aportáis.
El cariño que siento.
La alegría que me inunda, y cómo se ilumina mi sonrisa.
Las ganas que tengo de poder estar con vosotros todo el tiempo, sin cierres perimetrales, sin límites horarios, de aforo o de personas, sin un plan fijo pero creando inolvidables recuerdos, y no tener que hablar a través de una pantalla por culpa de una pandemia que ninguno hemos deseado.
No sé cómo haceros ver que me llenáis la vida de luz, de esperanza, de felicidad, de pasión.
Empatizo tanto con vosotros que vuestras penas son mis penas, y vuestras alegrías son mis alegrías. Y cuando caéis, caigo con vosotros para estar a vuestro lado y ayudaros a levantaros. 
Tampoco sé cómo sacar las palabras exactas de mi cabeza para expresaros lo que trato de describir mediante esta entrada.
Sólo puedo deciros que me invade una sensación profunda, llena de paz, de vida, infinita, cálida, agradable, suave, tierna, y que no puedo evitar sonreír mientras escribo estas palabras. 
No os hacéis una idea de todo lo que me aportáis, porque es muchísimo. 
Sois los pilares sobre los que me sostengo, la llamada al otro lado de la línea cuando me encuentro en el fondo del pozo. 
Sois todo aquello que jamás pensé que podría tener y que muchas veces me asustó no tenerlo de verdad y sentirme sola. 
Afortunadamente, nunca me siento sola con vosotros, me siento acompañada y querida. Me siento yo misma. 

sábado, 26 de diciembre de 2020

Retorno.

¿No os pasa que a veces llegáis a un punto en el que parece que no hay retorno?
Yo lo siento mucho cuando lloro y no me veo capaz de parar y quiero hablar a alguien, pero cómo se me puede ocurrir preocupar a alguien estando así. Entonces simplemente me quedo callada, sintiendo cómo se deslizan las lágrimas, una tras otra, y respirando para que la ansiedad que me oprime el pecho poco a poco decida irse junto con el sabor a sal.
Y sé que mucha gente leerá esto y se preocupará, yo misma lo estoy.
Otros se ofenderán pues creerán que es falta de confianza, y ni mucho menos, son esas ganas infinitas de cuidaros y que estéis bien, a costa de lo que pueda suponer para mí.
Soy tan complaciente que hasta lo hago cuando me perjudica. Y me callo cuando alguien no cuenta conmigo para algo pese a que me moleste porque pienso que la que actúa de una manera inesperada soy yo cuando planifico cada detalle, cada cosa que hago yo y que tiene en cuenta a los demás siempre que sea posible, todo.
Mi cabeza es una máquina que echaría humo si no fuera por las lágrimas. Y la música. Y los libros. Y estas entradas.

sábado, 12 de diciembre de 2020

Anhelo.

Me duele el pecho de respirar tan profundo como soy capaz con la esperanza de que las cosas cambien aunque sepa que no es posible.
Quiero despertarme un día y sentirme bien, no sentir que me falta algo, que estoy fallando a alguien, que jamás voy a acabar nada.
Tengo bolsas de no dormir que ocultan las de llorar en silencio hasta caer rendida.
Intento no rendirme cuando ya lo he hecho y la pelea interna que tengo dentro va a acabar conmigo.
Quiero gritar y correr pero no tengo adónde ir ni con qué mantenerme, ni siquiera sé cómo me mantengo aún en pie.
Estoy viviendo una eterna discusión entra varios pedazos de mi ser. Entre lo que siento y lo que llego a mostrar. Entre lo que quiero y lo que debo. Entre lo que debo y lo que no entiendo por qué no puedo hacerlo. Entre preguntar temerosa y callarme porque ya me sé la respuesta.
Y muchas veces siento que me caigo en un agujero que no tiene fin, en el que me sumerjo más y más, tanto que me asusta no ser capaz de coger aire para salir a respirar.
Suspiro profundamente, sigo adelante, y paso a la fase en la que vivo engañándome a mí misma, aunque por una buena razón, salir de esto y resistir lo suficiente hasta que me vuelva a absorber y desbordar todo lo que guardo muy adentro de mi ser.
Y me siento terriblemente mal y tonta y sola, y no lo remedio pues no hablo con quién debo hablar, ni cuando ya no soy capaz por mí misma. Pero sé que aún así tengo gente que me entiende y me apoya está ahí siempre para mí y eso me llena y me hace intentar abrirme un poco más.
Ahora aquí estoy, escribiendo estas palabras que sólo me atrevo a dejar salir a medias. No quiero asustar ni preocupar a nadie. Sólo anhelo quereros tanto o más de lo que siento que me queréis.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Libertad.

Libertad para amar.
Para sentir.
Para expresarse.
Para salir y para regresar.
Para ser.
Para vivir.
Para elegir.
Para vestir.
Para decidir.
Para opinar.
Para respetar.
Para huir.
Para llorar y para reír.
Para escribir.
Para cantar.
Para bailar.
Para viajar.
Para callar.
Para pensar.
Para soñar.
Para hacer.
Para creer.
Para crear.
Para crecer.
Para vivir.
Para actuar.
Para confiar.
Para mirar.
Para escuchar.
Para ayudar.
Para gritar.
Para negarse.
Para estudiar.
Para trabajar.
Para olvidar.
Para perdonar.
Para saltar.
Para volar.
Para seguir.
Para esperar.
Para parar.
Libertad para ser libres.

sábado, 17 de octubre de 2020

Tic tac.

No me siento dueña de nada.
Ni dueña de mi vida.
Ni dueña de mis decisiones.
Ni dueña de mi futuro.
Ando con un cronómetro interno que me condiciona cada segundo de cada plan de cada momento fuera de casa.
No me siento satisfecha, no me siento completa, no me siento segura.
Sólo siento que soy una bomba de relojería a punto de explotar y derramar todo lo que tengo dentro de una forma tan brusca que posiblemente arrastre más de lo que pretendo.
No me siento libre, no puedo hacer nada sin que se me cuestione, sin que se me interrogue, sin que se me pidan explicaciones de mis compañías, del lugar que pisé.
Sin haber salido apenas ya tengo que decir cuándo volveré. Sin saber qué voy a hacer ya tengo que justificarme. Sin tener claro dónde voy a estar a cada momento o cuando voy a poder moverme, tengo que intentar organizarme sin fallar a nadie o si acaso a mí misma.
Y no puedo, pero lo intento, porque pese a no sentirme bien en casi ningún momento, quiero ver a mis amigos, a mi pareja, quiero pasear, sentir el aire fresco, pensar que algún día todo cambiará y tratar de aguantar hasta que llegue.

viernes, 28 de agosto de 2020

Verano 2020.

Paseos por los jardines, recuento de fuentes, el Mar sin playa. 
Sentirnos reyes y reinas al pasar por los pasillos que antaño cruzaron ellos. Caballos irreconocibles en cuadros y lámparas imponentes más grandes que cualquier salón que jamás pueda tener.
Museos, títeres, muros que encierran historias y poesía. Rapunzel y su príncipe, montones de recuerdos digitales en forma de fotos.
Hamburguesas, cumpleaños atrasados y preciosos regalos, cenas y fiestas improvisadas, música para definir un verano indescriptible.
Mascarillas de colores, caseras, colgantes de abalorios, sonrisas en forma de arrugas en los ojos.
Cerveza artesanal, tardes infinitas, puestas de sol que iluminan hasta el alma.
Cine de verano, olor a palomitas, felicidad en las pequeñas cosas. Mi casa.
Citas, cenas y planes en pareja que me llenan el corazón.
Un aniversario atípico, mimoso y cinéfilo.
Boda en familia, fotomatón, lágrimas y mucho mucho amor.
Baguettes de bacon y queso, paseos al anochecer, perseidas plagadas de deseos, suspiros de felicidad.
Botellines, charlas sin sentido llenas de significado, copas, noches que acabaron demasiado pronto pero fueron más que suficiente.
El himno sonando a todas horas en la cabeza y en el corazón, un San Luis 2021 que promete.
Mi pueblo, mi hogar, su gente y mi gente, increíble verano de 2020.

jueves, 27 de agosto de 2020

Borbotones.

Debido a que soy muy sensible y muy empática, muchas veces me cuesta entender el por qué la gente actúa como actúa en determinados momentos, ya que sí soy capaz de discernir los motivos que pueden llevarte a realizar determinada acción, pero me cuesta ponerme en el lugar de alguien que busca dañar a los demás sólo porque le apetece.
Esa empatía tan característica hace que cuando a alguien le pasa algo y me lo comenta, especialmente cuando se trata de sucesos muy tristes, muy alegres o impactantes, pueda ser capaz de sentirme como se siente esa persona y a su vez compartir con ella lo que imagino que serán unas palabras acertadas para esa situación en concreto.
Igualmente, mi sensibilidad extrema me pone en una situación muy incómoda a menudo cuando las lágrimas sustituyen cualquier intento de articular palabra, dado que todo mi ser se vuelve una sola cosa sensible, frágil y que necesita un momento para recomponerse.
Todo esto me lleva a preguntarme a menudo si alguna vez seré capaz de controlar mis emociones cuando suceden cosas a mi alrededor que no soy capaz de controlar o que no puedo entender demasiado bien. Es el caso de todas y cada una de las veces (numerosas veces) que mi familia se repite y vuelve a sacar determinado tema, cuando siento que se quedan anclados en el pasado con respecto a algo que les pasó, o cuando observo cómo se meten en mi vida sin preocuparse de lo que pienso, siento, o de que todo lo que hago a diario, además de darle muchas vueltas, lo hago desde el mayor respeto y la mayor responsabilidad que soy capaz de tener. Y, aún así, sigo sintiéndome mal de cuando en cuando, incluso cuando sé que lo que estoy haciendo es algo normal, simple y llanamente por el gran control y la elevada presión que siento que se me aplica y que se me exige permanentemente. 
No soy de las que cree que el destino está escrito o que todo sucede por una razón, pero suelo pensar que lo que ha pasado, ya es así, y que somos dueños de nuestro presente y nuestro futuro, mientras que nuestro pasado nos define. Con esta especie de filosofía trato de guiarme y de justificar todas aquellas circunstancias que he ido viviendo y que me han traído hasta este preciso instante donde escribo estas palabras, y aunque a veces no soy capaz de ver más allá de un par de días vista, trato en todo momento de avanzar, de preguntarme a mí misma cómo me siento, qué estoy haciendo y dónde espero llegar. Creo que es importante plantearse cosas a uno mismo, y también es necesario ser fiel a lo que uno cree, siempre y cuando sea algo respetuoso con respecto a los demás, pero muchas veces me fallan las fuerzas porque me faltan apoyos que aún considero vitales pese a todos los problemas que me causan. Y cuando le doy una vuelta a determinados puntos de mi vida, y no me arrepiento de nada, sé que puedo aguantar, aunque sea otro poquito más, y nunca estoy segura de qué pasará, a excepción de todas las opiniones en forma de piedras en mi camino que me colocan mis parientes, y aunque esa incertidumbre me queme por dentro, aquí estoy, tengo 23 años, soy una mujer de la que creo que puedo estar orgullosa y no paro de tratar de mejorar para algún día sentirme bien de verdad y por completo, y no sólo intentarlo.